La serie Adolescencia ha generado una serie de preguntas y discusiones necesarias. Se necesita un pueblo para criar a un niño, ha sido la frase repetida por uno de sus creadores, Stephen Graham, quien también actúa como el papá del adolescente Jamie. Ha empleado esta frase para abordar una situación de violencia no aislada- por el contrario, cada vez más común- desde una mirada de responsabilidad compartida. Y ahí reside la genialidad de esta historia. A pesar de que el capítulo 3 dedica una hora a la evaluación psicológica del protagonista, la serie no piensa el crimen cometido como un problema de salud mental. Tampoco busca culpar a la familia por tratarse de los cuidadores más inmediatos de Jamie. La escuela, por su parte, se nos presenta como un entorno violento y caótico que nos lleva a pensar que pudo ser Jamie como pudo ser cualquier otro de sus compañeros.

Habrá, seguramente, quienes quieran explicar a Jamie como un adolescente con problemas mentales, a su madre y padre como cuidadores negligentes e irresponsables por no saber a lo que su hijo se exponía, a las redes sociales como esa fantasma que nadie logra controlar, al bullying o acoso escolar como un fenómeno capaz de justificar la violencia (en este caso culpabilizando a la propia víctima).
El tema central de la serie, sin embargo, no es ninguno de estos aspectos ni la suma de todos. El tema central es la masculinidad. Los creadores se propusieron mirar a los ojos de la ira masculina, en palabras del escritor Jack Thorne. Por tanto, la serie aborda al agresor de forma bastante profunda. Su intención no es darnos lecciones o explicaciones, como espectadores acompañamos ese camino de búsqueda y de intentar desenmarañar algo complejo de entender. Queremos creer en la inocencia de un niño, por eso mantenemos la esperanza hasta el final muy a pesar de que en el primer episodio ya nos mostraron el video del crimen cometido. Queremos que se vuelva una serie de misterio y que otros sean los culpables, quizá el hijo del detective que guarda un misterio. Queremos, en el fondo, que se nos muestre a los personajes de forma superficial, simples, con un solo motivo como estamos acostumbrados a verlos. Pero no, Jamie no se reduce a un motivo específico ni a un solo factor que explique la atrocidad de su acción.
En el segundo capítulo conocemos el colegio, un lugar caótico marcado por el poder y la violencia que no son factores tan nuevos como podría parecer. En los sistemas educativos tradicionales también se han entablado relaciones de poder y se ha hecho uso de distintas formas de violencia para sostener un orden solo que al revés: por parte de las y los adultos hacia los niños, niñas y adolescentes. En este caso, vemos los roles cambiados y un recrudecimiento de la violencia entre pares. Personalmente, no creo que el argumento deba ser que las cosas vuelvan a ser como antes, apelando por las formas disciplinarias que se aplicaban antes con el fin de obtener la obediencia de las y los estudiantes. La única respuesta para combatir la violencia en las escuelas es la construcción de relaciones más horizontales y democráticas. En la serie, las relaciones entre pares están mediadas por la influencia de las redes sociales y, en este caso en particular, el alcance de la manosfera: una red de sitios virtuales y personajes que promueven una masculinidad marcada por la hostilidad hacia las mujeres y la misoginia. Algo interesante es que estas ideas calan profundo en la construcción de los varones, pero pueden ser promovidas incluso por las propias mujeres, es el caso de esta historia en la que el acoso de Katie, la víctima, se basa en los propios símbolos incels (celibato involuntario), con los cuales humilla a Jamie atacando directamente su masculinidad. Es decir, en su mundo adolescente estas ideas no eran propias solo de los hombres, las mujeres también las adoptaban y usaban en su contra.
La entrevista con la Psicóloga nos deja conocer con mayor profundidad a Jamie, no desde lo que cuenta sino desde sus actitudes en el momento en que se sienta frente a una mujer que admira, pero por quien se siente cuestionado. Jamie pasa de adularla a amenazarla, amedrentarla, burlarse de ella y, finalmente, buscar su aprobación con angustia. La Psicóloga es un personaje muy bien construido, está enfocada en entender qué tanto Jamie comprende sobre sus acciones y consecuencias y en la idea que tiene sobre ser hombre y sobre las mujeres. Sin embargo, inicia con cierta esperanza, ve a Jamie como un niño que merece que le compartan un sánduche y termina sin ser capaz de tocar el mismo sánduche que ahora le repugna. Jamie tiene una percepción positiva de su padre, menciona un solo evento en el que sintió que su padre se avergonzó de él y un solo hecho en el que pudo ver que perdió el control por la ira, para él eso no es suficiente para pensarle como un hombre malo o violento. Sobre su madre, tiene una percepción bastante simple, lo único que resalta es que puede cocinar bien un platillo en especial. Uno de los momentos más interesantes del diálogo es cuando menciona que invitó a Katie a salir cuando ella estaba vulnerable y aun así ella lo rechazó. Es algo que no lograba entender y que se convirtió en un golpe a su autoestima, un detonante.
Para culminar, la serie aborda la realidad de los padres cuando se miran a los ojos y aceptan el duelo del niño inocente que perdieron, proyectado ahora en el oso de peluche que el padre acuesta a dormir al final del capítulo. Ambos se preguntan en qué se equivocaron y aceptan que pudieron hacer más con cuidado de no culpabilizarse a sí mismos ni al otro. Este proceso doloroso y difícil lo llevan de manera adecuada gracias a los consejos de la terapeuta. El capítulo muestra la ira masculina encarnada en el padre tanto como su vulnerabilidad. Él maneja la situación que atraviesa la familia en ese día lleno de ira y violencia, para luego cuestionarlo todo y llorar. La forma en que cada integrante vive el momento depende de las acciones y emociones del padre, la madre llora tapando su boca para no hacer ruido y seguir cuidando de él. Esto también dice mucho sobre el entorno familiar, esas pequeñas cosas que son explicativas, aunque nos empeñemos en seguir buscando el trauma explícito.
Desde lo personal, debo decir que la serie me llevó a empatizar con esos hombres y dejar de ver la masculinidad desde un enfoque frío y meramente crítico. Si bien es cierto que es tarea de los hombres hacerse esas preguntas, auto reflexionar, organizarse y decidir cambiar como individuos y como colectivo, creo que es necesario acercarnos a su situación dejando de ver la masculinidad como un conjunto de ideas que les dan poder y permitir que se hable de lo complejo y doloroso también. Como mamá de dos varones, asumo mi responsabilidad en no transmitir, reproducir ni permitir ideas misóginas que hoy en día se disfrazan incluso como discursos de autosuperación. Asumo mi responsabilidad en acompañarles para ser cuestionadores porque creo que el problema no se reduce a una cuestión de valores como muchas madres y padres reclaman en estos momentos. Asumo mi responsabilidad en el daño que puedan causar tanto como espero que otros no les causen un daño.
Aplaudo la forma en que esta historia ha sido contada y los personajes han sido construidos, logrando finalmente mostrarnos ese pueblo entero que hoy está criando a la infancia y la adolescencia.