Atrapados entre la ideología de género y la nada. Así se presentan los altos mandos actuales. ¿Y nosotros/as? Atrapados/as entre decisiones y retrocesos tratando de salvar lo que se pueda por los próximos 4 años, sea quien sea que se logre hacer con el poder.
La ideología puede concebirse como un conjunto de ideas que flotan en el aire, pero no coinciden con lo que pasa en la realidad provocando una concepción distorsionada de esta; que representa solamente los valores de un grupo que busca imponerse sobre otro para lograr cierto objetivo o mantener cierto orden social. Por eso ha sido tan cómodo repetir “ideología de género”, para vaciar al género y los feminismos de su contenido filosófico, social, político y científico. Para simplificarlo y convertirlo en un conjunto de ideas que buscan corromper la moral tradicional sin ninguna base más que el anhelo descompuesto de sus promotores. Así que: NO, ideología la suya.
¿Y nosotros/as? Debatimos desde el enfoque de derechos humanos porque queremos que nos respalde el argumento de tantos años de debate y lucha, de experiencias, casos y reclamos. Los derechos humanos se han convertido en nuestro escudo y espada porque aluden a lo más básico: condiciones que garanticen una vida digna y nos permitan la mayor libertad posible para ser quienes somos y disfrutar de las posibilidades del mundo. Y está bien, pero más allá del ámbito del derecho, las instituciones y los procedimientos, solo quería tomarme un momento para recordarnos que estamos del lado correcto de la historia y, sobre todo, del único lado que es capaz de lograr una transformación.
Estaba yo escuchando los argumentos de quienes han saltado, reaccionarios como de costumbre, en contra de que la educación incorpore estrategias para acompañar a niños, niñas y adolescentes en su decisión de cambio de género. Y uno de los discursos más repetidos es que la “disforia de género” es una enfermedad que debe ser curada por psicólogos y psiquiatras, no normalizada y aplaudida por las y los adultos. Frente a este tipo de discursos quiero dar algunos consejos. Primero, asume que hay desinformación. Las concepciones, desde la Psicología, relacionadas a la identidad y orientación sexual han cambiado con el pasar de los años. Podríamos, en todo caso y para ser muy oficiales, hablar primero de incongruencia de género, la cual se define como una experiencia de incompatibilidad entre la identidad y el género esperado basado en el sexo al nacer.
Segundo, asume que las concepciones son inflexibles y obsoletas, en este caso la propia concepción sobre la salud mental. La incongruencia de género se entiende como una condición que acompaña a la persona, pero no constituye una enfermedad. La disforia de género puede ser diagnosticada (en base al DSM-5) si la incongruencia de género causase malestar y disfunción a un nivel clínico. Tercero, asume que el argumento viene sin contexto, pues el malestar, la ansiedad y la depresión no son consecuencia del trastorno sino síntomas de las condiciones en que se está viviendo la experiencia de incompatibilidad.
Último, asume que el discurso es conservador, es decir que todo argumento presentado:
- Tiene como fin conservar lo tradicional y, por tanto, todo lo que implique un cambio genera una reacción prohibicionista.
- Es construido alrededor de roles inflexibles divididos entre el autoritarismo y la obediencia: “yo decido cómo educar a mis hijos”, “los niños deben ser niños y no corromperse”
- Conserva nociones tradicionales y, en este caso, patologizadas sobre todo lo que tenga que ver con sexualidad: “los niños se van a confundir” “no podemos dejar que les hagan esto”

Además, es un pensamiento que carece totalmente de recursos que le permitan entender la sexualidad infantil, cómo es experimentada en los niños y niñas según su nivel de madurez.
¿Y nosotros/as? Sigamos hablando de derechos humanos sin olvidar cuestionarlo todo, quemarlo todo. Debemos replantearnos nuestras concepciones incluso sobre la salud mental, la patologización y las formas en que arrojamos la culpa de la enfermedad a la persona. Debemos seguir aprendiendo y debatiendo sobre la sexualidad en todas las edades y lo que sucede cuando su vivencia es totalmente prohibida y penalizada. Porque quien se siente en la silla por los próximos 4 años con su pañuelo azul, más claro o más oscuro, no lo va a hacer.