No ser madre y no dejar morir a las demás en el intento

En algún momento empecé a ver a las mamás. A verlas de verdad. Por coincidencia cuando yo misma me convertí en una. Pero pasó de a poco. Llegó mi primer bebé y cada día que pasaba veía en mi recién inventada casa todo el trabajo de cuidado, ese que no tiene fin ni freno. Se acumula, se reinventa, se torna en un camino invisible para el resto. Cambiar el pañal al bebé lleva a sacar la basura para que el cuarto no huela mal, camino al patio se pasa por la cocina y hay que recoger los platos para lavarlos luego. Para ordenarlos luego, para limpiar el piso luego, de repente ya son las diez. Y durante esa práctica real, la mente a mil por hora guardando en notitas todo lo que sigue pendiente, lo que vuelve a pasar. ¿Cómo hacía mi cabeza para estar tan libre de todo esto antes si, desde que tengo memoria, yo siempre he tenido un hogar? Uno que siempre requirió de este millón de cosas para funcionar.

Estaba mi mamá.

Cuando empecé a notar las cosas difíciles que ella hacía pensé que en la infancia no lo podía dimensionar. Aparte del trabajo de cuidados mi mamá buscaba formas de ganar un poco de dinero. Vendía puerta a puerta: flores, enciclopedias, botellas pintadas. Yo podía imaginar lo que hacía, aunque no me contara, podía sentir tristeza por verla desanimada cuando no vendía nada. Pero nunca, antes de ser mamá, pude entender el verdadero cansancio y la verdadera frustración cuando le entregaba todo su tiempo y energía al mundo y a cambio solo recibía repetición. Volver a arreglar, volver a intentar, volver a tocar las puertas, volver a fiar, volver a sufrir por la comida.

Cuando el bebé creció un poco y me emocionaba poder salir a pasear o a comer en algún lugar, tuve que descubrir que para el común de la gente los bebés son desagradables. Si no son los suyos, no requieren de su paciencia. Todo espacio público estaba lleno de miradas que gritaban mala mamá. Venían de todos lados, de mujeres y de hombres, de jóvenes y adultos. Eso fue hace diez años y ahora que tuve a mi segundo bebé, siguen ahí. Incluso cuando necesito ayuda, cuando he salido de la casa cansada y no avanzo a abrir el coche con una mano mientras cargo al bebé llorón con la otra. Nadie ayuda. O pocas veces alguien ayuda y se que eso depende de cómo una se ve. Porque las mamás en la calle, las más pobres, las mayores, las indígenas, las adolescentes, ellas reciben menos apoyo y más miradas que yo. O no reciben ninguna. La gente las prefiere invisibles. Pero existen. Entonces, invisibilizadas. Borradas del panorama urbano muy a propósito.

Yo no veía a las mamás. Ahora lo hago porque hago esfuerzos. Yo misma crecí pensando que era un rol y no un trabajo que requiriera de apoyo. Cuando era más joven y militaba, yo apelaba a muchas cosas en nombre de la lucha. En los barrios, en las comunidades, en los colectivos, en los trabajos. Y siempre hubo algo que muy en el fondo no conectaba conmigo. Las mujeres no conectaban conmigo porque la maternidad nunca era parte de lo que se hacía. Ahora entiendo. Ninguna mamá va a sumarse a una lucha que no involucre a sus hijos/as. Los/as involucre de verdad. No me refiero a tomarlos/as en cuenta cuando nos juntamos y hacer un espacio de “guardería” o entender que se vayan antes de las reuniones para cuidar a sus pequeños/as. Involucrarlos/as de verdad en una propuesta de sociedad diferente. Y eso, para mí, implica reivindicar la crianza y el cuidado como un acto colectivo. Estoy convencida de que no hay nada más duro que luchar por la supervivencia cotidiana de los/as hijos/as sin una red de apoyo.

Estoy convencida también de que el feminismo que clama por la decisión individual de las mujeres, ese feminismo blanco-burgués no llega lejos. Nos ha convencido de que el empoderamiento -frente a la maternidad- consiste en la mera decisión de ser o no ser madre. Y puede que esto tenga algo de verdad, o mucha. La pregunta es ¿eso es todo? Y las que sí somos, incluso por decisión ¿estamos destinadas a ser las no empoderadas? Las que se metieron en esto aún sabiendo la cárcel que puede ser.

Cómo se desmantela el sistema que nos fuerza a maternar en privado, aisladas, agotadas. Con la suma de decisiones individuales seguramente no.

Tenemos una tarea pendiente, siempre pendiente, que consiste en analizar las injusticias, señalarlas y proponer lo nuevo. El nuevo mundo, las nuevas relaciones. Aunque no llegue. Y en ese camino también planteamos la resistencia y esta tiene que estar atravesada por recuperar lo colectivo. Las formas de criar, el apoyo mutuo de las mujeres.

No necesitamos una comunidad que “entienda” nuestra carga, menos aún que la repudie, sino una en la que podamos ser lo que nunca se nos permite: débiles. Llorar, decir no puedo más, necesito ayuda, no sé cómo hacer esto. Sostén a mi bebé. Haz esto conmigo. Mírame. Quédate. Que las mujeres que decidieron no ser madres también nos miren y nos acompañen a idear la crianza. No porque es un rol femenino, porque es la lucha femenina. Las que no tuvieron hijos/as pero no por eso ya no pueden criar. Las guaguas son de todas. El linaje, el apellido, el legado, la herencia son todos mecanismos patriarcales. No tienen nada que ver con nosotras que somos compañeras.

Una cárcel, claro que sí puede ser. La maternidad como institución seguro que lo es. Como experiencia, no. Como experiencia y camino de vida puede estar llena de afecto, alegrías, creatividad y llevarte a descubrir lo fuerte, amable, amorosa que puedes ser. Esta diferencia entre institución y experiencia la retomo de Adrienne Reich. Es el sistema capitalista, patriarcal y colonial el que nos lleva a vivir esa experiencia en resistencia continua porque al institucionalizarla para sus fines la convierte en un medio por el cual ejerce total control de nuestro cuerpo, sexualidad, energía y tiempo. Todos nuestros esfuerzos destinados a lograrlo en soledad, a demostrar que podemos, que nos sacrificamos por amor.

Mi mamá iba de puerta en puerta llena de amor maternal pero no movida por este, sino por la necesidad. Llena de rabia, de frustraciones y espero que algunas alegrías también. Cuando la pienso, espero de corazón que haya sido así. Yo no sacrifico mi tiempo, carrera y cualquier tipo de logro reconocido socialmente por amor a mis hijos. Aunque los ame. Lo hago porque es la única forma en que lo puedo hacer mientras estoy sola y su cuidado requiere del noventa por ciento de mí.

A veces, en la noche, no logro descansar. Doblo la montaña de ropa y me pregunto muchas veces por las madres. Doblo las cobijas de bebé y pienso en las mamás migrantes solas en la calle, buscando dónde dormir con sus hijos/as cada noche. Doblo la ropa y me acuerdo de la vecina de mi suegra que a dos semanas de dar a luz solo tenía una camiseta para su recién nacido (que además aún no la puede usar). Doblo los baberos y me pregunto cómo se decide si la poca agua que queda es para el bebé o la mamá que ya no está produciendo leche en medio de la guerra. Estos ya no son datos para mí. Puedo sentir el dolor, el inimaginable dolor de las madres que resisten las peores batallas. Y aún así, muchas siguen defendiendo su decisión de ser mamás. Aunque no lo entendamos, tendremos que hacer un esfuerzo.

Aunque siempre estemos denunciando la falta de acceso a la educación sexual, a los métodos anticonceptivos, a las posibilidades para decidir sobre el proyecto de vida propio (y todo eso sea necesario), en realidad creo que debemos deconstruir ese imaginario de que la mujer pobre y vulnerable vive una maternidad que no tiene otra forma de ser que maternidad forzada. Ese tipo de idea quita agencia a las mujeres. En distintas condiciones muchas siguen deseando, y decidiendo, aunque a la derecha no le guste y por eso llame a la esterilización o a la prohibición; y a la izquierda tampoco le guste y por eso lo asuma y lo nombre como resultado de la desigualdad. Todo eso es herencia de ese mismo feminismo blanco-burgués que históricamente ha despojado a las mujeres no-blancas de su agencia. Que se ha nombrado como anhelo universal y, por tanto, lo que promueva es la nueva norma para todas, mientras todo lo que se escape es una forma de opresión de la cual una debe librarse a través del empoderamiento individual.

Ese otro feminismo que podemos construir, si aún lo queremos llamar así, reconoce las experiencias de todas las mujeres mediadas por una serie de factores, pero nunca sin voz. Ya lo dijo Yuderkys Espinosa, la intersección no puede ser la excusa para sumar opresiones y señalar cómo todo se recrudece “más abajo”. No si eso conduce a pensarlas más oprimidas, menos conscientes y más necesitadas de liberación por parte de otras. Debatir el derecho a decidir muchas veces no permite analizar las condiciones y cuando sí lo hace, se señalan como condiciones de opresión que por tanto obligan a las mujeres a tomar decisiones que no les conviene, que no son buenas para ellas, pero ¿qué tan diferente es eso del paternalismo? Yo no abogo por el derecho de las mujeres a decidir si son madres, más allá, abogo por legitimar que una decisión así se toma aún en la más difícil de las situaciones. Que el deseo existe a pesar de todo. El legítimo deseo de gestar y maternar. Enredado, casi imperceptible entre las maternidades forzadas, aún existe. Y eso es hermoso, válido y es parte de la lucha, no un espacio donde esta no ha llegado.

Cuando militaba, las injusticias me provocaban mucha rabia. Cuando pienso en mi mamá, cuando me pienso a mí, cuando nos pienso a todas, me provoca una profunda tristeza. Que tengamos que cargar con la culpa del sufrimiento, del frío y del hambre de los/as hijos/as a la par de nuestra profunda soledad. Y aún así sigamos dándole vida al mundo, pero también lucha al sistema.

Desde nuestras trincheras. Ordenadas y aisladas. Desde la mía,

Lu.

Adrienne Rich. Libro: Nacemos de mujer. La maternidad como institución.

Adrienne Rich, poeta venerada del feminismo | Cultura | EL PAÍS

Yuderkys Espinosa. Interseccionalidad y feminismo descolonial. Volviendo sobre el tema. Texto publicado en revista Pikara. https://www.pikaramagazine.com/2020/12/interseccionalidad-y-feminismo-descolonial-volviendo-sobre-el-tema/

Yuderkys Espinosa Miñoso Resume/CV | Facultad ...